jueves, 8 de enero de 2015


Parece que en pleno siglo XXI todavía hay personas (por llamarlas de alguna manera) que viven con la mentalidad de hace 3.000 años.

Constantemente se escucha por la radio, le leen en los periódicos o se ven por la televisión o internet, las diferentes burradas que cometen tanto unos como otros poniendo a su Dios particular como excusa.


El otro día les tocó a unos locos tomar el nombre de Mahoma y matar a sangre fría a unos artistas gráficos. Años atrás un ultracatólico mató a 77 personas a tiros de la misma manera.

Yo la verdad, que seguramente si habéis leído mi blog, os daréis cuenta que no creo ni en uno ni en otros, solamente creo en las personas y el respeto que se puedan tener entre ellas.

Muchos se asombran de lo que ha ocurrido fusilando verbalmente a los seguidores del Islam, poco menos que diciendo que se tenían que ir a su país, como si hubiese un país llamado "Musulmania".

- Supongo que a estas alturas, no hace falta explicar que para profesar una religión u otra no hay que ser de un estado en concreto.

Según el país donde ocurran los hechos, y depende de quienes los cometan, siempre tiene toda la culpa de ellos la etnia completa; da igual que seas español, trabajador, musulman y que respetes la vida por encima de todas las cosas, que siempre serás un moro y por consiguiente un extranjero. Fueron muchos años de adoctrinamiento en el nacionalcatolicismo de este país como para cambiar todo de un plumazo.


Los delincuentes, asesinos, psicópatas etc... no responde a ningún credo, o por lo menos creo que no debería pensarse siquiera que lo hacen por motivos religiosos. Estos bárbaros mataron porque eran unos sádicos y deberían ser condenados como tal.

Aunque es difícil de explicar esto de separar las actitudes de las personas de sus creencias, ya que en la propia España muchos mandatarios pertenecen a diversas sectas.

Solo hay que tirar una piedra para ver que la secta Opus Dei pulula por la cúpula de nuestro gobierno.

Espero que este mundo evolucione y erradique de una vez esos comportamientos infrahumanos que hace que se antepongan unas creencias fantásticas y mitológicas a los derechos fundamentales del ser humano.